Llega a Starz Play “Normal People”, la adaptación audiovisual de la homónima novela de Sally Rooney. Descubre los detalles del nuevo éxito internacional.

La exitosa producción de Hulu y BBC aterriza en España el pasado 16 de julio de la mano de Starz Play y se populariza rápidamente entre los espectadores. Para algunos, Normal People no es una sorpresa ni elección aleatoria con la que consumir cultura y entretenerse. La historia irlandesa que persigue la historia de dos jóvenes tenía un público inicial asegurado. Sin embargo, y con todo el sentido del mundo, las críticas positivas se han colado en todos lados, y rara es la vez en la que un espectador no la recomienda una vez vivida.

¿Qué esperar?

Normal People es la historia de Marianne (Daisy Edgar-Jones) y Connell (Paul Mescal). Vamos a conocer sus vidas a lo largo de unos cuantos años, empezando en el instituto. Definitivamente, el inicio de Normal People es amargo, y desarrolla sin tapujos la desoladora realidad del acoso escolar. Marianne es, sin justificación ni posibilidad de dejar de serlo, la víctima de los intentos de intimidación del grupo de amigos de Connell. A pesar del coraje con el que se mantiene firme y se niega a ser un blanco fácil, la inferioridad social que le asignan en el instituto condiciona el tipo de relación que empieza a construir con Connell.

Connell, amigo de sus amigos y cómplice en desacuerdo del acoso hacia Marianne, descubre en ella un verdadero apoyo emocional y escape de la realidad en la que cree encajar. Ambos se dejan engañar con su propia mentira, la de que pueden mantener a flote una relación que solo existe en la intimidad de sus habitaciones.

Con el paso del tiempo, de las personas y de las experiencias, así como el cambio de ambiente tras saltar de un instituto en la Irlanda rural a la Universidad de Dublín, Normal People deja atrás la aventura juvenil y continúa con la historia de dos personajes profundamente marcados por ella.

La clave del éxito

La acertada representación del paso del tiempo en Normal People convierte una producción de escasas seis horas de duración en una historia eterna. No pasan más de cuatro episodios cuando nos despedimos de las vidas más juveniles de Marianne y Connell, pero la forma en la que su historia está narrada hace posible pensar en los primeros minutos de ensordecedor bullicio en los pasillos del instituto y sentir que el tiempo también ha pasado para nosotros.

Normal People cumple con lo que el título promete y nos habla de dos personas completamente normales en un mundo cotidiano y realista. La clave de su éxito no reside en la trama, más bien en lo que la hace existir. Sin olvidar que la idea fue plasmada en la novela de Rooney, no podemos hablar de esta producción sin mencionar la forma tan bonita y devastadoramente realista en la que esta historia ha viajado entre el papel y la pantalla.

Connell Waldron, una voz más real que ficticia

Paul Mescal, recientemente nominado en los Emmy como mejor actor en una miniserie, da vida al personaje más complejo en esta historia. Connell Waldron es la prueba ficticia de muchos de los problemas con los que nos topamos cuando apagamos la televisión. Podrían habernos dado a un héroe masculino que, con el único objetivo de enamorar a un público prejuzgado como enamoradizo y débil, decidiera enfrentarse a su rutina social sin ningún tipo de miedo para defender a su víctima en apuros.

Podrían haber repetido el patrón de otras tantas historias en las que “chico salva a chica” y justificar la falta de realidad con el cliché que tantas veces hemos visto y tolerado. Sin embargo, en Connell encontramos ese silencio avergonzado, ese miedo al rechazo y esa presión social de la que nadie se libra. Su personaje se estrena bello y completo por ser real, no por ser correcto.

Con Connell también descubrimos cómo puede llegar a costar verbalizar emociones, entenderse a uno mismo y buscar lo que nos completa. Su vida está marcada por decisiones poco propias. Estudia literatura más por consejo que por decisión propia, y lo hace en un lugar que no barajó en sus posibilidades hasta que llegó en forma de un consejo más. Lejos de casa, fuera de un círculo juvenil con el que uno crece, todos somos vulnerables al cambio y a la novedad, y Connell es una voz más real que ficticia, así que también se deja arrollar por la soledad y el desconcierto de los inicios y las nuevas etapas. 

Marianne, o cómo crecer con un personaje

Daisy Edgar-Jones interpreta a Marianne, la otra cara de la moneda, aunque esta sea la forma más radical y menos acertada de comparar sus pasos a los de Connell. Aunque en un principio sea así, siendo su huella la señalada por la crueldad joven e injusta, no tarda en encontrar el lugar en el que pisar por primera vez y hacerlo con fuerza. Se topa con la vergüenza al aceptar su pasado, y crecemos con ella.

Marianne representa lo que Connell deja atrás al aterrizar en Dublín. Donde una vez hubo sarcasmo como defensa propia en unos pasillos cargados de desprecio, ahora hay seguridad. La nueva ciudad encaja con la nueva Marianne y el gran cambio que Connell enfrenta de una manera distinta.

Aun así, Marianne y Connell son Marianne y Connell tanto en el pacífico Sligo como en el ajetreado Dublín. El contexto es simplemente eso, contexto. Y, por ello, Marianne y Connell desean pertenecer con la misma intensidad en ambos lugares, con ambas realidades. Dublín no cambia quiénes son, y ellos siempre fueron dos jóvenes intentando encajar y queriendo amar.

Y a eso aprenden, con idas y venidas, meses y años de experiencia, pasando por un despertar sexual inicial, entregándose a un complicado primer intento romántico y cayendo en el fracaso de la falta de comunicación, solo para volver con una amistad de la que aprender a escucharse, apoyarse y, en resumidas cuentas, quererse bien.

Elenco, diálogo y silencio: de Sligo al mundo entero

Connell y Marianne son brillantes porque nos muestran la posibilidad y el derecho al cambio, a pedir ayuda, a sentirse fuera de uno mismo, a encontrarse una vez y perderse otras nueve. Y, por supuesto, son brillantes porque Paul y Daisy no temen a las escenas más íntimas, que no sexuales. Se miran a los ojos y hablan con un café en la mesa y el corazón en la mano sobre lo que sienten, lo que esperan, lo que necesitan y lo que buscan, y no necesitan nada más. Hay escenas rodadas sobre puro silencio, y no suenan incompletas. Suenan tan reales que atraviesan la pantalla, nos vemos en ellos y nos reconocemos en sus inquietudes y necesidades. Dejan de ser dos actores y se convierten en dos formas de existir y entender el mundo.

Sus interpretaciones son excelentes. No parece real que Paul debute en Normal People, o que Daisy logre representar el vacío interior, la muerte en vida y la desesperanza total como si no hubiese probado otra forma de vivir. Estos dos actores entienden de química, de sencillez y de decir más de lo que parece posible con una simple mirada. El diálogo tan sincero y natural los hace enormes, pero son también los silencios los que los hacen dignos de nominaciones y, por supuesto, del éxito internacional hacia el cual van encaminados.

ESTO ES “NORMAL PEOPLE”

Esto es Normal People. El tiempo, la vida, las emociones, los errores, los aciertos, los pasos adelante, las recaídas y las segundas, terceras y cuartas oportunidades. También es Irlanda lluviosa, Suecia nevada, Italia veraniega y fresas españolas, dos bicicletas al más puro estilo Llámame por tu nombre, el paso del tiempo como en Los imprevistos del amor y un desenlace muy La La Land. Es debate de clases sociales, dinámicas familiares y desnudez y sexo sin idealizar. Natural, real y cruda.

Es la demostración de que sí, “aceptamos el amor que creemos merecer”, como escuchamos en Las ventajas de ser un marginado. También es la promesa de que se puede alcanzar la luz al final del túnel y recibir el amor que verdaderamente merecemos.

La belleza de Normal People está en el detalle con el que se nos cuenta la historia. Se esconde en esos planos que construyen y contextualizan sin aportar a la trama, ese silencio tan humano, el paso de los coches, el grillo en mitad de la noche, el sollozo animal del duelo, el carraspeo nervioso y el susurro asustado.

Es, además, una de las pocas veces en las que, a pesar de desear una continuación para reencontrarme con la historia, prefiero un punto y final elegante, emocionante y único, como el que hemos podido disfrutar tras estos cortos y especiales 12 episodios.

 

 

Imagen principal: Normal People