Melendi colgó el cartel de ‘no hay entradas’ el viernes 17 de enero en el WiZink Center de Madrid en un concierto enérgico en el que no faltó el calor del público, el baile ni tampoco un homenaje a una de las bandas que ha marcado su vida: Extremoduro.

Pasadas las 21:00 horas, Melendi subió al escenario del mítico WiZink Center de Madrid. Los asistentes esperaban ansiosos la llegada del asturiano y los gritos comenzaron en cuanto se apagaron las luces: sabían que una gran noche acababa de comenzar. Tocado y hundido fue la canción con la que abrió el concierto y le siguió Tú de Elvis y yo de Marilyn. Justo después aprovechó para saludar al público y agradecerle su asistencia.

Quiso comenzar la noche de una forma íntima y especial, porque ya es costumbre que en cada show cuente algo sobre él. Encima del escenario del WiZink Center quiso contarle a su público el motivo fundamental por el que más de 10.000 almas se habían reunido esa noche en un mismo recinto. El asturiano contó que, de pequeño, su madre se dio cuenta de que él era ‘el artista de la familia’, frente a una hermana con altas capacidades. Un día, en un bar de Asturias, sonaba una canción que le marcó el camino: Canción de amor propio, de Ismael Serrano. Después de entonar unos versos de esa canción, reflexionó: “Ahí estaba el grandísimo Ismael Serrano, enseñándome el camino y diciéndome que no hace falta ser Luis Miguel para cantar, simplemente tienes que conectar con la gente. Y gracias a esa conexión, gracias a ustedes y caminando por la vida, hemos llegado hasta aquí.”

Melendi en el WiZink Center | Imagen: Ángela Merino – WHY NOT

Como no podía ser de otra manera, Caminando por la vida fue la canción con la que continuó el concierto, para alegría de los presentes. Un violinista en tu tejado y Llueve le siguieron, justo antes de entonar la canción con la que muchos le conocieron. “Hacía mucho tiempo que no la cantaba”, dijo antes de que sonara Te quiero como el mar. De un lugar a otro, el WiZink se trasladó a Cuba con Desde que estamos juntos.

“Durante muchos años de mi vida me he caracterizado por no aprender a la primera ni a la segunda. Cuando me di cuenta de eso resulta que había perdido mucho tiempo y, sobre todo, que me había perdido muchas cosas de las personas que me importan, de las personas que más quiero y con las que comparto mi vida. Entonces hice una canción, que aunque se llame El Arrepentido no tiene nada que ver. No habla de arrepentimiento, sino de aprendizaje y voy a compartirlo aquí con ustedes.”

Le sucedió Sin Remitente, una de las últimas canciones que ha lanzado, así como una pregunta: “¿El amor qué es?” Que él mismo respondía: “El amor es un arte.” La noche continuó con Con solo una sonrisa y Melendi prometía que “íbamos a botar”, por lo que aseguraba que le iba a dar ‘marchita’ al concierto con dos canciones muy especiales: Barbie de Extrarradio y Piratas del Caribe Bar.

Mírame y La promesa precedieron a la canción que le quiso dedicar a sus hijas, uno de los temas más recientes y que comparte con Alejandro Sanz y con Arkano: Déjala que baile. Haciendo alusión a su nombre, este fue el tema que hizo que se pusieran en pie aquellos que todavía no lo habían hecho. “¡Vámonos, vamos a botar!”, repetía antes de comenzar a cantar Como Una Vela. La noche poco a poco iba llegando a su fin, por lo que aprovechó para presentar a su banda, mientras el público llenaba el WiZink de globos amarillos y encendía las linternas de sus móviles. Con Cenizas en la eternidad se vivió uno de los momentos más bonitos de la noche, con todo el Palacio al grito de “Yo quiero ser guerrero.”

Melendi en el WiZink Center | Imagen: Ángela Merino – WHY NOT

La eterna pregunta, Destino o Casualidad, precedió a otro de los grandes momentos del concierto. Melendi hizo referencia a uno de esos grupos que marcan una época de nuestra vida e incluso a toda una generación: “Cuando era adolescente tuve a una banda que me marcó mucho, que han dicho que se jubilan. Entonces vamos a dedicarles un homenaje a una gran banda que ha dado este país, de rock; probablemente, si no la mejor, de las mejores.” Por eso, no pudo faltar su pequeño gran homenaje con Arriba Extremoduro.

Cheque al portamor y Tu jardín con enanitos parecían las últimas canciones de la noche, pero no lo eran. El asturiano confesó, entre risas, que no se quería ir sin cantar un reggaeton. Lágrimas desordenadas fue el último tema de la noche. Mientras del escenario salían fuegos artificiales y confeti, el público disfrutaba del último estribillo, el último baile, porque el WiZink era una auténtica fiesta cuando Melendi se despedía de la capital. Los asistentes quedaban satisfechos y los que murmuraban al inicio del concierto que “seguro que nos tiene preparada alguna sorpresa”, vieron cumplir sus expectativas con creces en una noche difícil de olvidar.

 

 

Imagen principal: Ángela Merino – WHY NOT